3º domingo durante el año-B

Mc 1,14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, es­tá cerca el Reino de Dios, convertios y creed la Buena Noticia". Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su herma­no Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jor­naleros y se marcharon con él
1.  Este evangelio habla de los primeros discípulos que "siguieron" a Jesús. Este relato ha dado pie para pensar que seguimiento y discipulado están unidos hasta tal punto que el "seguimiento" es la característica específica del "discipulado" (M. Hengel), de forma que el "discipulado" se ha de entender a partir del "seguimiento". Esta idea es la que ha motivado que se identifique "seguimiento de Jesús" con "vocación sacerdotal o religiosa". Por eso. para muchos cris­tianos, seguidores de Jesús son los que entran en un seminario o se van a un noviciado.
2.  Sin embargo, hay que tener cuidado cuando se presenta el seguimiento de Jesús como privilegio distintivo de los "escogidos" como si en la Iglesia hubiera una categoría especial de "selectos" los "elegidos", llamados a la "vida perfec­ta". Semejante lenguaje es producto de un mal disimulado orgullo o de una ingenua vanidad. En los evangelios, el ver­bo "seguir" se refiere 17 veces a los"discípulos"y 25 veces a la "gente" o pueblo sencillo. Resulta llamativo, por ejemplo, que el Sermón del Monte (en la redacción de Mateo) empieza y termina diciendo que Jesús habló a los que "le se­guían" (Mt 4,25 y 8,1).

3.  Seguir a Jesús es, ante todo,"dejarlo todo": familia, casa, propiedades, costumbres, seguridad..., para asumir, como proyecto de vida, lo que Jesús decía por toda Galilea: ha llegado la hora de tomar en serio el proyecto del Reino de Dios y, por tanto, lo decisivo es creer que el Evangelio es la Buena Noticia que ha de orientar nuestras vidas. Ha sido una des­gracia para la Iglesia que este proyecto universal de Jesús haya sido acaparado como privilegio de clérigos y personas que viven de la Iglesia y para servicio de las instituciones y obras de la Iglesia. Tales personas tienen un valor y un méri­to inapreciable. Pero no son "los únicos"que siguen a Jesús. El "seguimiento de Cristo"es tarea de todos los verdaderos creyentes. Cada cual en su puesto, en su trabajo, en su profesión y en sus circunstancias. Pero es cosa de todos y para todos.

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