3 de enero - segunda semana de Navidad

Jn 1,29-34
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que viene hacia él, exclama: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Tras de mi viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no le conocía, pero he salido a bautizar con agua, para quesea manifestado a Israel". Y Juan dio testimonio diciendo: "He contem­plado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo le he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".
1.  Juan Bautista presenta a Jesús como el "cordero... que quita el pecado del mundo". En esta fórmula, Juan afirma que Jesús es la víctima del sacrificio mediante el cual se remedia el mal que azota y causa tanto sufrimiento en el mundo (Lev 9,3; Nm 15,5). ¿Qué significa esto? El sacrificio religioso es la representación simbólica de un hecho que nos tiene que hacer pensar. Se trata de un hecho tremendo: la vida vive a costa de otra vida (W. Burkert). La vida animal se mantiene a base de matar otras vidas. Y, en general, lo más débil busca la ayuda de lo más fuerte, y lo más fuerte oprime a lo más débil. Los sacrificios presentan de modo simbólico estas formas de resolver la vida (G. Theissen). El mantenimiento de la vida genera violencia.
2.  Esto supuesto, lo más asombroso está en cómo Jesús trazó el camino de solución que convierte la violencia en feli­cidad. Lo que Jesús nos enseñó, con su vida y su muerte, es que la violencia se convierte en felicidad cuando, en lugar de matar otras vidas, uno hace de su propia vida una víctima que se deja matar. Así, Jesús suprimió, de una vez por todas, los sacrificios. En lugar de sacrificar otras vidas, se sacrifica la propia vida. Es lo que se ha llamado la "auto-estigmatización". Jesús murió como un delincuente ejecutado, humillado, despreciado. Y así nos trazó el camino que hace posible "otro mundo". El mundo en el que dejamos de odiarnos y robarnos. Y así construimos un mundo en el que nos queremos y nos ayudamos.
Así es Jesús el "cordero de Dios que quita el pecado del mundo". El "pecado" no es la acción "mala", sino la acción "vio­lenta". Jesús no es la víctima religiosa que, como el cordero (en los sacrificios del Templo), con su sangre aplaca a Dios. El Dios de Jesús no necesita sangre para aplacarse. Jesús fue asesinado (no "sacrificado") porque se enfrentó a la religión que predica el dolor y la muerte como medio para estar cerca de Dios. La religión de Jesús no tiene su centro en el "sufrimiento", sino en la "felicidad".

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