sábado, 28 de febrero de 2015

Sábado 1ª semana de cuaresma

Mt 5,43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calum­nian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a jus­tos e injustos. Porque, si amáis a ¡os que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo los publícanos? Y si saludáis so­lo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos co­mo vuestro Padre celestial es perfecto".
1.  Las tres grandes preocupaciones de Jesús fueron: 1) La salud de los enfermos; 2) La comida compartida o la alimen­tación de todos con todos; 3) Las buenas relaciones humanas. De esta tercera preocupación es de la que habla aquí Je­sús. Y habla nada menos que de enemigos, odio, aborrecimiento, persecuciones y calumnias. Una persona, que sabe que pesa sobre ella todo eso, tiene motivos para temer. Y temer lo peor. La violencia política, religiosa y de género dan mie­do y obligan a tomar precauciones. Los gobernantes, la justicia y la policía deben intervenir. Jesús habla de algo muy actual y muy grave.
2.  Sin embargo, Jesús dice que, cuando uno se ve en tales situaciones, tiene que amar al enemigo, al que te aborrece, al que te amenaza. Amar es no querer destruir al otro y hacerle el bien que se le pueda hacer. Cuando se hace eso, se desarma al agresor y se deshace la amenaza. Por supuesto, hay que recurrir a los medios legales que dispone el orde­namiento jurídico en esos casos. Pero bien sabemos que estas situaciones no se resuelven solo con leyes y sanciones.

3.  La solución, según Jesús, está en algo tan sencillo como desconcertante: cada mañana sale el sol lo mismo para la víctima que para el verdugo. A nadie se le pasa por la cabeza que, después de una agresión brutal, el sol va a salir solo para la víctima y nunca más para el agresor. El día que todo el mundo piense de ti que, lo mismo si te besan que si te escupen en la cara, tú vas a seguir siendo igual para todos, ese día se acaba la violencia en cualquiera de sus formas.

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