miércoles, 16 de mayo de 2018

7ª semana de Pascua - jueves

Jueves 17 de mayo de 2018
Julia Salzano (1929); Pascual Bailón (1592)
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Hch 22,30; 23,6-1: 
Tienes que testimoniar en Roma
Salmo 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Jn 17,20-26: Que sean plenamente uno
 
Hechos 22,30;23,6-11
Tienes que dar testimonio en Roma
En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos." Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: "No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?" El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: "¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma."
Salmo responsorial: 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; / yo digo al Señor: "Tú eres mi bien." / El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; / mi suerte está en tu mano. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, / hasta de noche me instruye internamente. / Tengo siempre presente al Señor, / con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, / se gozan mis entrañas, / y mi carne descansa serena. / Porque no me entregarás a la muerte, / ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua a tu derecha. R.
Juan 17,20-26
Que sean completamente uno
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: "Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos."
 La vida de comunidad ha de ser vivida con profunda responsabilidad. La primera cuestión es saberla recibir como don. Dios construye la comunidad, fundamenta y sostiene. La segunda realidad es abrirnos al regalo de los hermanos. Esta apertura se da en la medida en que cada bautizado se sepa reconocer Hijo y al mismo tiempo hermano. Colocándose en relación con el Padre no queda otra lógica sino entrar en una relación íntima y sagrada con los hermanos. Esto es lo que Jesús pide, la unidad en plenitud, la misma que experimenta con su Padre. Durante estos días pidámosle al Padre de Jesús que nos regale el don del Espíritu para que podamos ser constructores de comunidad. En la medida que cada uno de nosotros nos abramos a la acción del Espíritu, la comunidad se robustecerá y llegará a ser testigo cualificado del Crucificado-Resucitado. El mundo al ver a la comunidad convocada en el nombre del Señor sabrá reconocer que es Dios mismo quien sostiene la causa de la Iglesia. Preparémonos para celebrar el día grande de la Iglesia: Pentecostés. 

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