martes, 27 de marzo de 2018

Miércoles Santo

EVANGELIO EN AUDIO: Mateo 26, 14-25

1.  El "caso Judas"es un paradigma. Hace algunos años, se pensaba que Judas traicionó a Jesús por motivos políticos. Esta idea se basa en el apodo de "Iscariote", una palabra que algunos han deducido del término "iskarios", que significaría "sicario" O sea un revolucionario violen­to. Pero eso no está demostrado. Ni parece que sea demostrable. Es una interpretación de Judas que estuvo de moda, en los ambientes teológicos, en los 60 y 70 del siglo pasado (O. Cullmann). Sin embargo, en el "caso Judas", lo más lógico es pensar lo que dice expresamente el Evangelio, a saber: que Judas era un ladrón que robaba (Jn 12,6). O sea, fue la codicia lo que hizo de aquel hombre un traidor. Y eso es lo que relatan los evangelios: "¿Cuánto están dispuestos a darme si se lo entrego?" (Mt 26,15; cf. Mc 14,10-11; Lc 22, 3-6). La traición de Judas fue la traición de la codicia. El deseo de dinero y riqueza, que, tal como hoy funciona la economía mundial, se consigue a base de acumular arruinando a los demás. Es lo que estamos viendo y padeciendo en estos tiempos de crisis económica mundial. La crisis que ha hundido a la cla­se media y que ha abierto una brecha asombrosa y criminal entre los más ricos (un 2%) y los más pobres (más del 80%) de la población
mundial. ¿Cómo podemos seguir aguantando a Judas tan presente hoy entre nosotros?

2.  El "caso Judas" pone en evidencia que la deshumanización puede estar presente en los momentos y en los actos que más nos humanizan. En el "caso Judas" la traición a la amistad y a la vida puede estar en el centro mismo de la comensalía, en el momento en que compartimos la mesa y el pan, es decir, en el símbolo central de la "vida compartida".

3.  Mateo (con Mc y Lc) le da más importancia a este hecho al situarlo en la cena de la Pascua judía. Pero se sabe que esta cena no fue la "cena pascual", ya que se celebró un día antes (Jn 13,1; 18,25), en el día de la Preparación, cuando se sacrificaban los corderos pascuales (Jn 19, 14; cf. 19,31.42). La última cena no fue un acto "religioso", sino una cena de despedida, un acto profundamente humano, cargado de intimi­dad, de miedos, de oscuridades y también de cinismos y traiciones. Todo como la vida misma. La vida de un hombre entre otros hombres.

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