domingo, 11 de marzo de 2018

4º cuaresma - lunes

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EVANGELIO EN AUDIO: Jn 4 43-54
1. La expulsión de los mercaderes del templo (Jn 2,13-25) debió tener una resonancia enorme. La noticia llegó has­ta la lejana y pobre provincia de Galilea. Y allí le gustó a la gente el gesto de Jesús. Los galileos no eran piadosos y estaban hartos del poder central de la capital, Jerusalén, con su poderoso templo, su nobleza laica (los ancianos) y sobre todo su solemne nobleza sacerdotal. Se comprende que, estando así las cosas, Galilea recibiera bien a Jesús.


2. Lo primero que hace Jesús, al volver a Galilea, es dar vida a un niño que estaba en peligro inminente de muerte. El relato termina diciendo que este fue el segundo "signo" que hizo Jesús. Un "signo" es una realidad que remite a otra y, de esta forma, la sugiere. El evangelio de Juan dice que Jesús hizo estos "signos" para que nos creamos que Jesús es el Hijo de Dios, y, creyendo eso, tengamos vida (Jn 20,31). Dar vida remite a creer que en Jesús está pre­sente Dios. Y eso resulta creíble en la medida en que damos vida.

3. Jesús dio vida al hijo de un"funcionario"del rey que entonces mandaba en Galilea, Herodes Antipas, un tipo in­deseable, que asesinó a Juan Bautista (Mc 6,17-28), quiso detener a Jesús (Lc 13,31} y se burló de él en la pasión (Lc 23,6-12). Jesús daba vida a todos, sin tener en cuenta la vida o las convicciones que cada cual tenía. He aquí el "sig­no" más claro de que en Jesús estaba presente Dios.

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