domingo, 3 de abril de 2016

Cortés- 2º domingo de pascua

La vida de un cristiano, la vida «resucitada», no debería ser como la de las demás personas; debería ser una vida vivida en paz (DOMINGO: «Paz a vosotros»); una paz que se alimentara de la presencia constante de Dios (LUNES: «El Señor está contigo»). Debería ser un re-nacimiento diario (MARTES: «Con Nicodemo») como personas salvadas, es decir, personas que conocen bien el sentido último de sus vidas (MIERCOLES: «El que obra la verdad, se acerca a la luz»), y que poseen ya desde ahora una vida eterna, total (JUEVES: «El que cree en el Hijo, posee la vida eterna»). Personas cuya vida se multiplica como el pan de cada día (VIERNES: «La multiplicación prodigiosa»), y que descartan los temores básicos que aterrorizan al resto de la gente (SABADO: «Soy yo, no temáis»).

Semana en la que meditamos sobre qué aporta a nuestra vida el ser una vida «resucitada».

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