sábado, 30 de enero de 2016

30 DE ENERO-SÁBADO
3a SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO


Me 4, 35-41
Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla" Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; y otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: "¡Silencio, cállate!" El viento cesó y vino una gran calma. Les dijo: "¿Por qué sois tan cobardes?¿Aún no tenéis fe?"Se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Pero, quién es este?¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!"

  1. Cuando se leen relatos como el que nos encontramos aquí, resulta inevitable la pregunta que se refiere a si lo que se cuenta en este episodio es un hecho histórico; o si no será, más bien, una forma de exaltar y enaltecer a Jesús, para presentarlo como verdadero Dios presente en Jesús. Esta pregunta suele llevar a muchos lectores de los evangelios a la duda, la incredulidad o sencillamente al abandono de la religión. Por eso vendrá bien recordar que las historias de milagros, en la literatura antigua, eran una forma literaria, que se usaba en aquellos tiempos para explicar cómo "lo trascendente" se hace visible y tangible en "lo inmanente". Los evangelios no son libros de religión. Son libros que contienen un mensaje religioso. Y lo que importa es el mensaje que nos transmite el relato que tenemos presente.
  2. En este episodio de la tempestad calmada, se trata obviamente de un "milagro de salvamento" (J. P. Meier, G.Theissen). Que viene a decir que, a veces, superamos situaciones o salimos de peligros que humanamente parecen no tener explicación. La finalidad de este tipo de relatos está en decirnos que nunca es bueno darse por perdidos. Porque, a veces, intervienen en nuestras vidas fuerzas que humanamente no tienen solución.
  3. Nunca sabremos explicar con seguridad si, en tantas ocasiones, lo que ocurre es que Dios interviene en favor nuestro. O más bien, lo que aquí se nos quiere decir es que hemos de ser personas que, como Jesús, dan seguridad, ofrecen protección, garantizan que estaremos dispuestos a sacar a los demás de las peores situaciones de peligro o amenaza. Eso es la fe: dar seguridad, ofrecer protección, hacer que los demás se sientan seguros cuando estamos unidos de verdad.

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