sábado, 14 de marzo de 2015

3º cuaresma-sábado



Lc 18,9-14

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y des­preciaban a los demás: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, ergui­do, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni co­mo ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo". El publicano, en cambio, se que­dó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; solo se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador". Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido".

1.  En tiempo de Jesús había fariseos. Y ahora los sigue habiendo, aunque no se llamen así. Los motivos que movili­zan al fariseo son motivos religiosos. Por eso, es fariseo todo individuo en el que se dan tres características: 1) Se ve a sí mismo como "bueno": ortodoxo en sus ideas, cumplidor de sus deberes, observante y sumiso a lo que está man­dado; 2) Se siente"seguro"de sí mismo: de sus ideas, de su forma de vivir, de su buena familia y sus buenas costum­bres; 3) "Desprecia" a los que no piensan y no viven como él.

2.  El fariseo entra "erguido" en el templo. Va por la vida con la cabeza alta. No se reprocha nada y solo tiene motivos para dar gracias a Dios. Porque él "no es como los demás". Da miedo pensar en la cantidad de fariseos que hay aho­ra. Y, sobre todo, da mucho miedo pensar en el destrozo que están haciendo en la Iglesia. Porque la han roto, la han dividido, la han partido por la mitad. Por eso en esta Iglesia no hay manera de vivir unidos, como no sea sometién­dose a las ideas y a la forma de vida que nos quieren imponer los fariseos de ahora. Y conste que aquí todos somos fariseos.

3.  En este momento, como en tiempo de Jesús, hay muchos "publícanos": son todos los que, por el motivo que sea, "no se atreven a levantar los ojos al cielo". Se sienten avergonzados, humillados y, a veces, también despreciados. Los publícanos de hoy son los divorciados, los homosexuales, los enfermos de sida... y todos los que no encuen­tran más solución que el recurso a la misericordia de Dios. Porque ni pueden cambiar de vida, ni la religión y sus re­presentantes los toleran. A no ser que se pongan a llevar una "doble vida".

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