jueves, 17 de mayo de 2018

7ª semana de Pascua - viernes

Viernes 18 de mayo de 2018
Juan I, papa y mártir (526)
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Hch 25,13-21:
 Pablo sostiene que está vivo
Salmo 102: El Señor puso en el cielo su trono
Jn 21,15-19: Apacienta mis corderos
 
Hechos 25,13-21
Un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo
En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: "Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César."
Salmo responsorial: 102
El Señor puso en el cielo su trono.
Bendice, alma mía, al Señor, / y todo mi ser a su santo nombre. / Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles; / como dista el oriente del ocaso, / así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
El Señor puso en el cielo su trono, / su soberanía gobierna el universo. / Bendecid al Señor, ángeles suyos, / poderosos ejecutores de sus órdenes. R.
Juan 21,15-19
Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."
 
 Amar a Jesús tiene implicaciones histórico-existenciales. No es un amor romántico, ni etéreo. El amor que Jesús pide requiere concreción, requiere ser historizado. El Crucificado-Resucitado establece un diálogo con Pedro. Y este dialogo está en hacer que Pedro diga cuál es la dimensión de su amor a la causa de Dios. Y ese amor ha de ser testificado después con la concreción de un amor comunitario. Por eso de inmediato la sentencia de Jesús: apacienta mis ovejas. Es en el servicio a la comunidad donde Pedro definirá el verdadero sentido del amor que Jesús le está pidiendo. Esto mismo es lo que Jesús pide a cada creyente hoy: Vivir el amor a Jesús de manera histórico-comunitario. Decir que amamos a Jesús no es lo fundamental en la vida de la Iglesia. Lo que es fundamental es testificar el amor a Jesús en el amor concreto a los hermanos y a las hermanas con los que hacemos comunidad cristiana. Allí nos jugamos la credibilidad. Allí somos fieles al amor recibido y hacemos creíble el misterio de la comunidad.

miércoles, 16 de mayo de 2018

7ª semana de Pascua - jueves

Jueves 17 de mayo de 2018
Julia Salzano (1929); Pascual Bailón (1592)
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Hch 22,30; 23,6-1: 
Tienes que testimoniar en Roma
Salmo 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Jn 17,20-26: Que sean plenamente uno
 
Hechos 22,30;23,6-11
Tienes que dar testimonio en Roma
En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos." Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: "No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?" El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: "¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma."
Salmo responsorial: 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; / yo digo al Señor: "Tú eres mi bien." / El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; / mi suerte está en tu mano. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, / hasta de noche me instruye internamente. / Tengo siempre presente al Señor, / con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, / se gozan mis entrañas, / y mi carne descansa serena. / Porque no me entregarás a la muerte, / ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua a tu derecha. R.
Juan 17,20-26
Que sean completamente uno
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: "Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos."
 La vida de comunidad ha de ser vivida con profunda responsabilidad. La primera cuestión es saberla recibir como don. Dios construye la comunidad, fundamenta y sostiene. La segunda realidad es abrirnos al regalo de los hermanos. Esta apertura se da en la medida en que cada bautizado se sepa reconocer Hijo y al mismo tiempo hermano. Colocándose en relación con el Padre no queda otra lógica sino entrar en una relación íntima y sagrada con los hermanos. Esto es lo que Jesús pide, la unidad en plenitud, la misma que experimenta con su Padre. Durante estos días pidámosle al Padre de Jesús que nos regale el don del Espíritu para que podamos ser constructores de comunidad. En la medida que cada uno de nosotros nos abramos a la acción del Espíritu, la comunidad se robustecerá y llegará a ser testigo cualificado del Crucificado-Resucitado. El mundo al ver a la comunidad convocada en el nombre del Señor sabrá reconocer que es Dios mismo quien sostiene la causa de la Iglesia. Preparémonos para celebrar el día grande de la Iglesia: Pentecostés. 

martes, 15 de mayo de 2018

7ª semana de Pascua - miércoles

Miércoles 16 de mayo de 2018
Juan Nepomuceno, mártir (1393)
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Hch 20,28-38: 
Cuiden del rebaño
Salmo 67: Reyes de la tierra, canten a Dios
Jn 17,11b-19: Que sean Uno, como nosotros

Hechos 20,28-38
Os dejo en manos de Dios, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia
En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: "Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre. Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir.""
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.
Salmo responsorial: 67
Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Oh Dios, despliega tu poder, / tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro. / A tu templo de Jerusalén / traigan los reyes su tributo. R.
Reyes de la tierra, cantad a Dios, / tocad para el Señor, / que avanza por los cielos, / los cielos antiquísimos, / que lanza su voz, su voz poderosa: / "Reconoced el poder de Dios." R.
Sobre Israel resplandece su majestad, / y su poder, sobre las nubes. / ¡Dios sea bendito! R.
Juan 17,11b-19
Que sean uno, como nosotros
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: "Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura.
Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad."

 La Iglesia está llamada a continuar la misión de Jesús: revelar quién es Dios y quienes son el hombre y la mujer. Dios es el amor que se establece en la relación de reciprocidad entre el Padre y el Hijo. El hombre y la mujer son las creaturas llamadas a vivir en toda la experiencia relacional que establezcan, ese mismo amor que viven las personas de la Trinidad. La vida de unidad y fraternidad que se viva en la experiencia comunitaria es la que manifiesta al mundo entero la gloria de la que el Hijo habla. La Iglesia está llamada a reflejar la vida del cielo en la tierra. No es tarea fácil. Tampoco imposible. Esto es lo que Jesús pide en el Capitulo 17. El milagro más grande es que Dios se revela a la creación, obra de sus manos, y la diviniza para alabanza de él y para que llegue la salvación a la humanidad. La vida de comunidad es la única que hace creíble el misterio de la Resurrección. A Jesús Crucificado-Resucitado solo se le descubre en comunidad.

lunes, 14 de mayo de 2018

7ª semana de Pascua - martes

Martes 15 de mayo de 2018
Isidro Labrador (1130)
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Hch 20,17-27:
 Cumplo el encargo del Señor
Salmo 67: Reyes de la tierra, canten al Señor
Jn 17,1-11a: Padre, glorifica a tu Hijo

Hechos 20,17-27
Completo mi carrera, y cumplo el encargo que me dio el Señor Jesús
En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo: "Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu.
No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios."
Salmo responsorial: 67
Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, / aliviaste la tierra extenuada; / y tu rebaño habitó en la tierra / que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R.
Bendito el Señor cada día, / Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. / Nuestro Dios es un Dios que salva, / el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.
Juan 17,1-11a
Padre, glorifica a tu Hijo
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti."

 Hemos hablado de la vida eterna en términos difíciles de comprender. Poco asequibles y con palabras que terminan cargando a los cristianos en una conciencia de miedo y de pánico frente a esta realidad clave para la vida cristiana. Jesús da una definición sencilla de vida eterna. No es un tratado más, sino una experiencia. Jesús nos transmite la experiencia de la vida que Dios quiere para que el hombre y la mujer lleguen a la plenitud. La vida eterna que Jesús propone es: conocer al Padre como al único Dios verdadero y a su enviado, Jesús el Mesías. Pero en esta simplicidad está la clave. La experiencia de Dios y de Jesús es una realidad existencial, relacional. Jesús lo que nos está dejando es su misma herencia relacional con el Padre. Sus palabras, salidas de lo más íntimo de su ser, son una verdadera oración. No son fórmulas frías. No son rezos organizados para responder a un acto religioso. El Hijo nos regala su propia relacionalidad con el Padre. Es la que quiere que experimentemos a fin de vivir en plenitud.

domingo, 13 de mayo de 2018

7ª semana de Pascua - lunes

Hechos 1,15-17.20-26
Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstolesUno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): "Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartía el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: "Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella", y también: "Que su cargo lo ocupe otro". Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión."
Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezaron así: "Señor, tú penetras en el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio." Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.
Salmo responsorial: 112
El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo.Alabad, siervos del Señor, / alabad el nombre del Señor. / Bendito sea el nombre del Señor, / ahora y por siempre. R.
De la salida del sol hasta su ocaso, / alabado sea el nombre del Señor. / El Señor se eleva sobre todos los pueblos, / su gloria sobre el cielo. R.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro, / que se eleva en su trono / y se abaja para mirar / al cielo y a la tierra? R.
Levanta del polvo al desvalido, / alza de la basura al pobre, / para sentarlo con los príncipes, / los príncipes de su pueblo. R.
Juan 15,9-17
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegidoEn aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.. Esto os mando: que os améis unos a otros."
 Lunes 14 de mayo de 2018
Matías, apóstol (s.I)
 El amor del Padre que Jesús experimentó, es el que ofrece a sus Discípulos. Desde este amor cada bautizado ha de comprender su vocación. No es el creyente quien elige a Jesús. Es Jesús quien elige al discípulo. Es un acto de amor, gratuito y bondadoso, de parte de Jesús. Dios siempre toma la iniciativa. Dios es siempre el que convoca, el que elige, el que llama. Jesús llama a cada uno de los discípulos “amigo”. Esa es la manera como llama a cada bautizado que lo recibe en su vida como Señor y Salvador. La relación con Jesús no es una cuestión protocolaría, fría u oficial. Jesús instaura una nueva manera relacional entre un Maestro y un discípulo: La amistad. El compromiso que cada creyente está llamado a vivir, es en fidelidad a la amistad que el Maestro ha propuesto. La amistad con Jesús se experimenta y se vivencia en una manera concreta de vivir con los hermanos de comunidad. No puede existir una relación con el Crucificado Resucitado, si no se da a través de ella.

sábado, 12 de mayo de 2018

Ascensión del Señor

El valor de la vida espiritual   

Lecturas y Homilía Justino mp3

A un maestro en oración le preguntaron por qué se necesitaba orar. 
El maestro respondió: para poder apreciar las cosas que sólo se ven con los ojos del corazón. Las estrellas no se ven durante el día, pero eso no significa que no existan. En la leche hay mantequilla, pero ¿cómo adivinarlo sólo con verla? Para obtener mantequilla hay que batir la leche en un lugar fresco. Así, para llegar a la visión de Dios, hay que practicar las disciplinas mentales; para poder verle no basta con desearlo. A Dios sólo se llega cuando le preparamos el camino para que Él se manifieste. La realidad transparenta al Señor pero hay que estar despiertos y preparados para contemplar su presencia.